Seño Carina 5to B Prácticas del Lenguaje

 CARINA AGUIRRE 
HOLA CHICOS VAMOS A TRABAJAR CON EL SIGUIENTE CUENTO 
:   
        AVENTURA EN LA ANTÁRTIDA

   Era un atardecer caluroso en Buenos Aires.  Samuel Spich, el viejo científico, había pasado toda la jornada trabajando en el laboratorio, intentando arreglar un radiocomunicador. Lo ayudaba un joven aprendiz, Helmer, quien estaba obligado a gritar cerca del audífono del anciano para que ambos pudieran entenderse. Además había un robot extraordinariamente eficiente, que ayudaba en todas la tareas.
   Cuando por fin lograron reparar el radiocomunicador, Spich aprovechó para ordenarle al robot-asistente que le preparara un refresco, mientras Helmer prefirió fumar un cigarrillo.
   El robot-asistente se deslizó hasta la cocina, pero, en el momento de abrir la heladera, el circuito electrónico de su sistema visor sufrió un desperfecto: se le quemó una placa de silicio. Como consecuencia de ello, el robot - asistente confundió la botella de jugo de limón con la de un preparador químico llamado “Ultraenanizador – B”. Seguidamente el robot sacó una cubetera, colocó un cubito en un vaso, sirvió jugo de limón - es decir “Ultraenanizador – B” - y un chorrito de soda.
   En ese momento el señor Spich entró a la cocina, agarró el vaso y se bebió el refresco de un solo trago. Mientras el robot enjuagaba el vaso, el científico se apoyó en la mesa algo mareado. Inmediatamente cayó dormido sobre la cubetera, y en un instante se achicó, hasta medir menos de medio centímetro. Quedó acostado sobre un cubito.
   Cuando terminó de lavar el vaso, el robot guardó la cubetera en el congelador. Al rato, el célebre científico Spich se despertó confundido.
   “¿Dónde estoy? -se preguntó asustado. ¡¿Qué es esto?! ¡El suelo es de hielo! ¡Qué frío…Dios mío!, algo extraordinario debe haber ocurrido: ¡estoy en la Antartida!”
   Temblando de frio caminó para recuperar calor. A cualquier lado donde mirase solo se veía hielo.
   “Si mi sentido de la orientación no falla - se dijo el científico - la Base Antártica Argentina tiene que estar hacia el Oeste. Caminaré en esa dirección…”
   Pero caminó más de dos horas sin encontrar nada. Las ráfagas de viento helado le quemaban la cara y tenía los pies agarrotados.
   Casi en el límite de la desesperación, el viejo científico pensó en otra alternativa: fabricar un transmisor.
   “Si logro emitir señales de radio, podrán ser captadas por el radar de la Base”- se dijo, e inmediatamente se puso a trabajar.
   Al rato, con su reloj de cuarzo, un cortaplumas, el audífono, la hebilla del cinto, una medallita de plata, dos botones metálicos, un cierre y los cordones de los zapatos, logró armar un transmisor. 
   Ni bien lo tuvo listo, pegó su boca al aparato y dijo:
- “S.O.S. llamando…, S.O.S…”
   Lo repitió varias veces, sin obtener respuesta. Pero cuando ya estaba por abandonar sus intentos, se escuchó una voz finita que le contestaba:
“Sí, lo escucho, afirmativo…, cambio.”
   El viejo dio un salto de contento y tomando el aparato gritó:
   “Estoy en la Antártida…, atención…, estoy perdido en la Antártida…, necesito ayuda urgente…, cambio.”
   Helmer se puso tan nervioso que no sabía qué hacer. 
   Había estado probando el radiocomunicador, cuando de pronto se empezó a escuchar la voz de esa persona que pedía auxilio desde la Antártida.
-Espere un momento…, espere un momento…- dijo el ayudante por el radiotransmisor- veré cómo puedo ayudarlo. Voy a consultar con mi jefe.
   El ayudante comenzó a correr por todo el laboratorio buscando al señor Spich. “¡Justo ahora desaparece! ¡Viejo tonto, donde se habrá metido! ¡Este pobre tipo perdido en la Antártida y él quién sabe dónde se metió!, se decía Helmer.
   Al fin, extenuado de tanto correr de una sala a la otra del laboratorio, el joven fue a la heladera a servirse un vaso de soda. Llenó un altísimo vaso, echó un cubito y volvió al radiotransmisor.
   Justo cuando entraba a la sala, escuchó gritos del tipo que estaba perdido en la Antártida:
“¡Socorro…, auxilio! - gritaba el hombre desesperado.
- ¿Qué le pasa? - preguntó Helmer, pegando su cara al micrófono.
     “Es que… el bloque de hielo sobre el que estoy parado… comenzó a moverse. ¡Está flotando sobre un mar de agua con burbujas gigantescas!”
   -¡Dios mío! ¡Pobre hombre! ¿Qué puedo hacer para ayudarlo? Quédese tranquilo, aguante un poco - le dijo Helmer-. Mi nombre es Helmer y ya se me ocurrirá algo para ayudarlo…
   “¿Helmer? En el laboratorio donde yo trabajo hay un tarambana ayudante que tiene el mismo nombre, qué casualidad. ¡Oh!, el hielo se mueve cada vez más…”
   Nervioso porque no se le ocurría como ayudar al pobre hombre, Helmer alargó el vaso de soda y bebió un largo trago.
   “¡Ahhhh! ¡Un ser espantoso me quiere tragar! – gritó el científico – Esto es una pesadilla. ¡Un ser gigantesco se está tomando el agua y casi se traga el bloque de hielo donde estoy parado!”
   Asombradísimo, Helmer dirigió su mirada hacia el radiotransmisor, luego hacia el vaso de soda, otra vez  hacia el cubito. Sintió que estaba a punto de caer desmayado y se sentó en una silla mientras desde el radiotransmisor se seguían escuchando los gritos del viejo científico.
   Cuando pudo recobrarse Helmer fue hasta la heladera y sacó la botella de “Ultraagigantador – C”. Volvió a la sala de trabajo y arrojó un chorro de ultraagigantador sobre el cubito y el diminuto ser que estaba parado encima.
   Un minuto después el señor Spich, mojado y confundido, había vuelto a su tamaño normal. Super inteligente como era, sólo demoró una hora en deducir que todo ese lío lo había provocado el problema en la placa de silicio del robot.
- Lástima – dijo el señor Spich cuando ya todo estaba aclarado -.
Me hubiera gustado tener una aventura en la Antártida.

  Ricardo Mariño

Responder 
1.¿Por qué el cuento se llama “Aventura en la Antártida” si Spich jamás estuvo allí?
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2.Subrayá la verdadera causa de cada uno de los hechos mencionados.

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2.Si Spich hubiera estado trabajando en el laboratorio un día frío o lluvioso, ¿hubiera terminado en el congelador? ¿Por qué?
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3.¿Por qué el robot-asistente confunde el jugo de limón por el  ultraenanizador?
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4.¿Cuáles son las pistas que le permitieron a Helmer descubrir dóndeestaba su jefe?
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5.Imaginá como hubiera continuado el cuento si…
 (Elegí una de las opciones y luego escribí lo que te imaginás)

El robot hubiera confundido el jugo de limón con el 
     ultraagigantador.

Helmer hubiera olvidado dónde se encontraba la botella de 
    ultraagigantador. 

Spich hubiera pensado que el culpable de lo sucedido era 
    Helmer.







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